Amas de casa ¿o esclavas domésticas?

29 octubre 2017
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En esta ocasión nos proponemos hacer un repaso de la publicidad de electrodomésticos, a partir de ciertas piezas clave que compartimos. Nuestra intención es deducir, en la medida en que nos sea posible, qué mensaje entrañan en relación a las mujeres, su rol en la familia y en la sociedad…

Empecemos por el pasado, porque es cuando más claramente se exponen los elementos definitorios de un estereotipo que luego veremos qué tanto continúa vigente en la actualidad: en primer lugar, aparece una mujer excluyentemente confinada a la labor doméstica: su vida entera dedicada al servicio de marido, hijos y hogar (¡la mascota parece ser una incorporación moderna!). Además, despunta la idea de que esa tarea debe contentar a la mujer, que la cumple felizmente, como si fuera en ello su realización personal (en una interpretación más pesimista, la felicidad puede ser solo aparente, como si entre sus obligaciones estuviese además la de ocultar el cansancio, ¡total lo suyo no es “trabajar”!)

En segundo lugar, se define a la mujer como alguien sin capacidad económica, porque las publicidades parecen todas dirigidas al hombre (directamente, o indirectamente por el pedido de la mujer, reducida a mensajera): las piezas sobre la lustraaspiradora como regalo soñado para la navidad y la listita de pedidos al marido bajo amenaza de llanto, son la apoteosis de esta imagen de mujer-servidora-dependiente, adulta para hacer su trabajo pero niña para decidir y comprar.

                      

Ahora bien, ¿permanece este estereotipo en las publicidades actuales, o fue superado, siguiendo al entendimiento social y la importancia de la mujer como tomadora de las decisiones de consumo? Dejamos la respuesta a cada uno y, mejor aún, al trabajo colectivo en las aulas, pero nos permitimos plantear algunas líneas: no hay dudas de que la modernidad fue incorporada en lo superficial: estética, vestimenta, diseño de los aparatos, decoración del hogar fueron convenientemente aggiornados, pero ¿qué pasa en el fondo?, ¿hay un replanteo profundo del rol de la mujer en la familia y la comunidad?, ¿se instala, por ejemplo, la idea de las tareas del hogar como una responsabilidad compartida por toda la familia? Es muy importante decodificar si solamente cambian las formas, porque en ese caso estaríamos ante un reforzamiento insidioso del mismo modelo social. Estar arrinconadas a hacer lo de siempre, pero “vestidas a la moda” no puede ser un auténtico progreso social.

Dejamos a continuación algunas piezas más o menos recientes y proponemos interpelarlas desde ahí: ¿Cómo está resuelta la inclusión del hombre?, ¿comparte ciertamente la tarea de la mujer, o solo de modo secundario: cocina o come, trabaja o se divierte?

¿Hay una nueva síntesis entre el trabajo doméstico y el trabajo fuera de casa?. Está claro que éste último es incorporado, pero ¿cómo convive con las tareas del hogar?, ¿influye en una modificación del reparto de tareas, o simplemente “se suma” a las obligaciones domésticas de la mujer?

¿La publicidad continúa dirigida al hombre como decisor de la compra, o empieza a dirigirse a la mujer, ya que se acepta la realidad de que trabaja fuera de casa y tiene un ingreso?, ¿si fuera esto último, no sería que al invertir en estos aparatos, la mujer asume que es quien debería realizar ese trabajo, manualmente o con una tecnología atrasada, si no los adquiere?, ¿no debería ser una inversión familiar?

¿La ropa a la moda es porque las mujeres deben estar “relucientes” aún mientras trabajan en casa (¡otro trabajo más!)?, ¿o es porque deben retomar las riendas del hogar no bien regresan? Si las marcas no fueran de electrodomésticos sino de prendas de vestir, diríamos que es para vender ropa de “profesionales exitosas” a las “amas de casa”, pero esto es harina de otro costal…

 

Para el final, les dejamos una campaña reciente de Liliana, ¡a ver qué nos sugiere!