Micromachismos (de hombres y de mujeres)

11 marzo 2019
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Seguimos con los consejos de Lila Bendersky para detectar las situaciones de micromachismo que protagonizamos tanto hombres como mujeres, para desactivarlo. Esta vez, escuchar a las mujeres que nos rodeen; evitar el llamado “mansplaining”; y consumir productos realizados por mujeres.

Escuchá a las mujeres que te rodean

Si una mujer te señala que estás teniendo una actitud o pensamiento machista, pero pensás que es exagerada, demasiado pasional, o que no aplica a un tema de género probablemente el que esté pifiando seas vos y no los estés viendo.

Por eso, es importante que puedas prestar el oído y escuchar lo que tu hermana, madre, amiga, novia, colega tenga para decirte y señalarte. Si un comentario que dijiste la incomodó, no la hizo sentir bien o se sintió directamente agredida tomá nota porque probablemente sea una conducta que no esté bien que repitas. No es que en estos tiempos que corren no podés hablar o emitir opinión, pero realmente es un momento más para escuchar, registrar y aprender cómo eliminar el sexismo de tu vida.”

Terminá con el mansplaining

“El mansplaining es un término que surge de la fusión de las palabras en Inglés “man” y “explain” (hombre y explicar, respectivamente) y refiere a las situaciones donde un hombre asume que la mujer con la que habla sabe menos que él y le explica, de manera condescendiente o paternalista, algo. Este neologismo cobró relevancia en 2008 cuando la escritora Rebecca Solnit, escribió el artículo “Man Explain Things To Me” (Los hombres me explican cosas). En el ensayo, la norteamericana narra un episodio que le ocurrió en una fiesta donde un hombre le comenzó a explicar efusivamente los puntos centrales del libro River of Shadows: Edward Muybridge and the Technological Wild West, mientras Solnit trataba, en vano, de contarle que ella era la autora de esa publicación.

Y lo que le pasó a Solnit le pasa a miles de mujeres en todo el mundo. En noviembre del año pasado, la periodista argentina Ángela Lerena publicó una foto en Twitter donde se la podía ver, embarazada de siete meses, en la cancha de River tras haber transmitido el superclásico con Boca. Contaba que estaba “feliz” por vivir un momento así, pero un tuitero hombre le explicó que si bien ella estaba contenta, su bebé no. “¿Lo decís basado en tu experiencia como médico, como embarazada o como feto?”, lo increpó y le puso los puntos Lerena.

Consumí productos realizados por mujeres

¿Cuál es la última escritora mujer que leíste?, ¿estuviste leyendo algún artículo sobre feminismo?, ¿fuiste a ver alguna obra interpretada y/o dirigida por mujeres?, ¿y alguna película? Estas preguntas son un buen termómetro para que identifiques cuánto lugar le estás dando a los productos culturales o trabajos científicos elaborados por mujeres?

En esta sociedad, los varones están habilitados para opinar sobre política, actualidad, el mundo en general. Basta con ver los nombres de los columnistas de los principales diarios del país para dar cuenta de ello. En cambio, muchas veces parece que las mujeres sólo podemos hablar de “asuntos de mujeres” como el amor, la menstruación o maquillaje.

“Fuimos históricamente, somos, las condenadas al silencio, a no escribirle primero, a esperar, que nos escriban o llamen, que nos saquen a bailar o nos inviten a salir. Estamos históricamente autorizadas a responder si nos dan la palabra, si nos la otorgan. Nos prefieren calladas, ausentes, al menos suaves y moderadas. Y eso se comprueba en el amplio espectro que cubre cualquier análisis de la voz de las mujer en la historia política, en la historia social y de la cultura”, dice la escritora Marina Mariasch en su artículo “El pelotero del logos” también incluido en el libro ¿El futuro es feminista? Esto tiene que terminar.”

[En este punto viene a cuento esta publicidad, de una conocida señal de noticias de nuestro país, que se ufana en mostrar la masculinidad de su programación, como si eso constituyera per se una señal de calidad].

De “8 consejos para (intentar) ser un hombre feminista”, por Lila Bendersky, para La Nación del 8 de octubre de 2018
Las cursivas entre corchetes son nuestras.

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