Brecha de género laboral: de no verla a no naturalizarla

17 diciembre 2019
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Este artículo periodístico vuelve sobre llamado “techo de cristal”, el conjunto de obstáculos que le impide a las mujeres progresar en igualdad de condiciones con los hombres en su carrera laboral. La autora cuestiona la descripción de esa barrera como “de cristal”, si se la usaba para significar algo existente pero más bien oculto, difícil de visualizar. 

Su tesis es que siempre vigentes, esas diferencias entre mujeres y hombres en el mundo laboral ahora están bien expuestas, por ejemplo gracias a las redes sociales, que todos los días retratan ámbitos laborales con mayoría de hombres y pocas o ninguna mujer.

Es interesante, en tren de seguir haciendo visible este fenómeno, que implica todo un haz de prejuicios e injusticias. Desde la consideración de la maternidad como un obstáculo, hasta la diferente remuneración por igual tarea según el género de quien la presta. 

Sobre la brecha de género salarial, dejamos planteada la inquietud para volver en otro momento. Hay proyectos de ley en el Congreso Nacional, de suerte dudosa, para igualar los ingresos con independencia del género del trabajador. Incluso se proponen dispositivos bien prácticos como otorgar a las mujeres una acción judicial para pedir ante los tribunales laborales la igualación de sus salario con el de sus colegas varones. 

Sobre los prejuicios, la parte más invisible y probablemente más eficaz de estos obstáculos en la carrera laboral de las mujeres, hemos hablado mucho antes. Un artículo muy leído es ¡Deberías habérmelo pedido!, el cómic que pone de manifiesto la llamada “carga mental” que pesa casi exclusivamente sobre las mujeres.

En “La brecha de género en materia laboral” ahondamos sobre las licencias por paternidad como una institución muy potente para incentivar el reparto de tareas y la corresponsabilidad en la vida familiar y doméstica. 

En fin, el recurso de la autora de llamar “de paja” al famoso “techo de cristal”, nos hace pensar que debemos seguir trabajando como sociedad para evitar que esta injusticia laboral de género siga vigente. Antes, cuando el techo era “de cristal”, había que trabajar para verlo. Ahora que se ve porque es “de paja”, hay que trabajar para no naturalizarlo.

A continuación, el artículo completo:

Techo de cristal se llama al conjunto de obstáculos que encuentran las mujeres en su carrera laboral que en igualdad de condiciones les impiden progresar del mismo modo que a los hombres. Marilyn Loden fue la primera en nombrarlo de esa manera hace 40 años, cuando las diferencias eran invisibles. Pero hoy ya no lo son. Las redes sociales muestran todos los días la ausencia de mujeres en las mesas donde se toman las decisiones más importantes de una empresa, un club, un sindicato, el superior tribunal de una provincia y ministerios o incluso gabinetes enteros en los que muchas veces se define la suerte de millones de personas.

Es un gran avance que hoy la ausencia de mujeres en puestos de decisión, al igual que la brecha salarial, la mida el propio Estado, a través de los informes que el Indec elabora a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y los de otras agencias como la Dirección de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, los que, además, se dan a publicidad y difusión a la ciudadanía.

Estas estadísticas coinciden en que, en igualdad de posiciones y de responsabilidades, los hombres ganan el 25% más que las mujeres, y en algunas provincias la brecha -o grieta- puede llegar al 30%, el mismo porcentaje de mujeres en puestos de dirección en empresas contra el 70% restante ocupado por hombres. Un porcentaje similar arrojaron las últimas cifras de la Procuración General de la Nación respecto del acceso de mujeres a los cargos de fiscales, que se replica en los concursos que permiten el acceso a cargos en la Justicia.

Entonces, no es más un techo de cristal el que invisibiliza las dificultades históricas y culturales. Es un techo de paja el que no permite que las mujeres avancen en sus carreras y lleguen a puestos de decisión y a tener remuneraciones acordes con sus funciones y dedicación que las haga autónomas, y que con el tiempo les dé la posibilidad de tener su propio patrimonio. La brecha muchas veces se anuncia en la entrevista de trabajo, otras veces aparece en la carrera cuando se acercan los años reproductivos: aún hoy abajo del techo de paja se sigue celebrando la decisión de la mujer que decide dejar su carrera, no importa a qué altura lo hace, para dedicarse de lleno a las tareas de cuidado del grupo familiar, que no son remuneradas, a las que, también según las mediciones del Indec, ellas dedican el doble de tiempo por día que los hombres.

Una serie canadiense, Workin’ Moms, de Netflix, muestra con humor ácido la suma de los prejuicios que una mujer ejecutiva soporta al regresar de su licencia por maternidad en su decisión de seguir adelante con su carrera profesional, no solamente de parte de los hombres que la rodean -su marido, que aquí sería considerado deconstruido; su jefe y sus colegas de trabajo-, sino también de las mujeres con las que se relaciona, dentro y fuera de su propia familia y grupo social.

El problema entonces no ocurre solo en la Argentina, pero acá la desigualdad de la mujer en el ámbito laboral lleva a lo que otros indicadores económicos denominan como feminización de la pobreza, que consiste en que el desempleo y la informalidad sean cada vez mayores para las mujeres. Y ese techo también se ve y está en las calles.

“¿Techo de cristal o techo de paja”, por Agustina O’Donell, para La Nación del 23 de abril de 2019.
La autora es Profesora de Derecho Tributario en la Facultad de Derecho de la UCES

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