Info Lúminis: Entrevista a la Dra Roxana Morduchowicz. El cine en educación y la Alfabetización en medios.

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Esta entrevista es parte de la Guía didáctica sobre el cine y el lenguaje audiovisual en el aula

Para realizar la guía se tomó como referencia inicial el video de la entrevista a Juan José Campanella  realizada por Guillermo Kaufman  en el marco de las Jornadas Internacionales para docentes de la Feria del Libro 2014, por este motivo en la entrevista, en algunas oportunidades,  se hace referencia a ese video y al trabajo que Roxana Morduchowicz ha hecho y realiza, actualmente, con el director de cine.

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Doctora en Comunicación de la Universidad de Paris VIII. Magister en Educación e la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Coordina el área Los jóvenes y el cine nacional en la Academia de Cine de la Argentina. Fue creadora y directora del Programa Escuela y Medios en el Ministerio de Educación de la Argentina. Investiga y escribe sobre los niños, los adolescentes y las tecnologías: sus consumos culturales, su vínculo especialmente con las pantallas (televisión, celular y computadora) la incidencia de Internet en su vida diaria Es consultora de la UNESCO sobre estos temas asesorando a Ministerios de Educación en África, Asia, América Latina y las islas del Pacífico y como conferencista –invitada por UNESCO, UNICEF y Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas- en congresos internacionales en Paris, Londres, Estocolmo, Madrid, Nueva York, Estambul, Abuja (Nigeria) y Bangkok

 

–  Actualmente trabajás en la Academia de Cine. ¿Qué hacen allí?

R.M: – Sí. Trabajo en la Academia de Cine que preside, por el voto de sus miembros, Juan Campanella. Dirijo y coordino allí el área “Los jóvenes y el cine nacional” para promover que los chicos y adolescentes vean cine argentino .Hacemos distintas actividades: las más importantes son funciones de cine gratuitas en los cines que nos ceden, cines privados en todo el país. Hicimos en Ushuaia, Bariloche, Mendoza, Santa Fe, Rosario, Buenos Aires, Córdoba, así en distintas partes. La próxima es en Bariloche. Vamos una vez y hacemos una función a la que asisten los chicos de secundario o chicos mayores o primarios según la película. La particularidad es que la función se desarrolla con el director de la película en la sala. Así los chicos pueden discutir y hablar de la película con el propio director.

– Y vos coordinás el debate posterior…

R.M: – Sí, yo arreglo todo: el contacto con el Ministerio Provincial según la provincia a la que vayamos. Obviamente hablo con el director.

– ¿Hablás también con los docentes?

R.M: – Esto es básicamente para los chicos. Con los docentes hablamos pero no tenemos como objetivo que el tema se trabaje en el aula. Los que quieran hacerlo, que lo trabajen. El objetivo es mostrarles a los chicos que el cine argentino tiene historias para ellos. Porque mayoritariamente ellos ven cine norteamericano. En la Academia de Cine el objetivo no es que se trabaje en la clase, el objetivo es más que nada “difundir”, como con los libros. Un chico que aprende a leer, que toma el gusto de la lectura desde chico, tiene más posibilidades de ser lector de grande. Aquí lo mismo, si el chico toma el gusto de ver y apreciar películas desde chico y descubre que hay películas para él o para ella, tenemos más posibilidades de que siga eligiendo el cine nacional cuando sea mayor. No como el único tipo de cine, pero sí que incluya en su menú películas del cine argentino. En 2012, las encuestas que hice sobre consumos culturales para el Ministerio de Educación, demuestran que los chicos ven cine, que son grandes consumidores de cine, mucho más que el promedio de la población, pero ven básicamente cine norteamericano. Entonces la idea de la Academia de Cine es mostrarles a los chicos que, además de las películas norteamericanas que ellos eligen, también el cine argentino tiene historias para ellos. Para ello organizamos estas funciones. Después ves hablando chicos de primaria y secundaria. La mayoría son del interior del país. Una vez por año se hace en Buenos Aires y el resto se hace en el interior.

– ¿Y qué se aprende ahí en las charlas, qué viste vos?

R.M: – Hay algunos chicos que preguntan directamente sobre la película y hay otros que preguntan sobre cine argentino o cine en general. Pero hay de todo: cuando preguntan sobre una determinada película se interesan sobre cómo se pensó el argumento y la historia, cómo se pensó en los actores. A los chicos les interesa saber cómo se construye una película, cómo se piensa, todo tipo de preguntas que muestran que los chicos no solamente son curiosos, que es la base de cualquier aprendizaje, sino que les gusta el cine, les gusta saber sobre cine. Estamos recorriendo todo el país con este tipo de actividades, pensando mucho la película que vamos a proyectar y en cines importantes para que vivan esa experiencia, porque suelen ver cine, pero en su casa. Para muchos chicos es la primera vez que van al cine en su vida Entonces la pregunta siempre es por qué es necesario, qué es lo que pasa que los chicos disfrutan las película cuando organizamos la función y, sin embargo, cuando se dan en los cines no van. Sobre eso tiene que trabajar la Academia o los cineastas o el mundo del cine, pero lo que sí es muy interesante es ver a los chicos contactarse con el cine argentino y con los profesionales del cine. Este contacto potencia, profundiza, mejora y amplía su capital cultural.

– ¿Cuál es tu lectura de eso que planteás?

R.M: – Hay una falta de difusión importante, los chicos muchas veces no se enteran de que hay películas argentinas en cartelera. A veces el cineasta cree que con hacer la película terminó el trabajo, la difusión le deja menos presupuesto. En consecuencia hay que hacer toda una tarea de difusión para todo el público en general, pero en este caso especialmente para que los chicos y los jóvenes se enteren de que hay una nueva película en cartel. A mí lo que me importa es darles a los chicos, herramientas e información. Mostrarles que sí les gusta el cine no es un problema de gusto o de falta de interés sino que hay otras preocupaciones. Por ejemplo hicimos una encuesta sobre los chicos y el cine argentino el año pasado y les preguntamos a los chicos qué es lo que pasa y una de las primeras respuestas era la falta de difusión. En palabras de ellos “no me entero de que salió una nueva película” y bueno, sobre eso tendrá que trabajar la Academia. A mí, lo que me importa es hacer que vean cine argentino en cualquier soporte (CD, DVD, internet o en el cine) porque estas películas tienen historia para ellos, que los pueden atraer tanto como las del cine norteamericano

Campanella decía en el video  de su entrevista que veía los nuevos estudiantes de cine, tienen menos recursos para contar historias y que quizá la causa estaría en que habían leído menos, por lo que contaban con menos referencias de historias contadas para después ellos producir una propia.

R.M: – Nosotros no trabajamos con los estudiantes de cine. Sí realizamos acciones desde el Ministerio de Educación en una experiencia que se llamó “Escuela, Cámara, Acción” en la que invitábamos a chicos de secundario a escribir una historia. Un jurado de guionistas, productores y cineastas elegían tres historias que se producían como cortos y se daban en los cines, previamente a la película que la gente iba a ver.

– Esa estrategia estaba buena

R.M: – Muy buena! en primer lugar porque era muy democrática. No dependía de la posibilidad que tuviera cada escuela de poder filmar con una determinada cámara o con determinada filmadora sino que era, como dice todo buen cineasta, “todo empieza con una buena historia. La idea era tener un lápiz y un papel y sentarse a escribir una buena historia. Era en grupo y la escuela podía presentar varias historias. Y fue muy buena como experiencia.

– ¿Cuánto duró?

R.M: – La experiencia duró aproximadamente seis años durante los cuales se hicieron muchos cortos, aproximadamente 15. Los chicos escribieron buenas historias.

– Cómo era el trabajo pedagógico?

R.M: – Se difundía la propuesta, y también el programa que yo dirigía Escuela y medios” del Ministerio de Educación de la Nación. A su vez cada jurisdicción tenía coordinadores en todo el país. Luego se les hacía llegar a los docentes una guía didáctica donde se les explicaba cómo se redacta una historia, cómo se cuenta una historia, qué es lo que tienen que tener en cuenta para contar un cuento, para escribir.

– ¿Esos materiales están online?

R.M: – Es posible, el sitio es www.me.gov.ar/escuelaymedios . No sólo se trabajaba cómo escribir un cuento sino también se explicaba cóm]. Después las escuelas mandaban las historias, tenían dos meses para elaborarlas, y luego las enviaban. Posteriormente la historia se filmaba en cada jurisdicción o, si era necesario que la historia se filmara en Buenos Aires traíamos a los chicos para que participaran de la filmación. La idea era que al menos un día estuvieran en la filmación. Y después, antes de que se presentara en los cines, se traía a las escuelas y se hacía una conferencia de prensa, se las presentaba a la prensa y a los chicos, es decir, a los autores de esas historias que es lo más importante. Y la verdad es que grandes cineastas trabajaron en esto como Juan Campanella, Eduardo Mignogna, Juan Vera. Fueron muy buenas experiencias. Actualmente, si bien ya no trabajo en este programa del Ministerio de Educación, las acciones continúan. Trabajé durante diez años en este programa que creé y del cual fui la directora hasta hace dos años. Entré con Filmus en el 2003 y me fui en el 2012. Trabajé muchos años y creo que trabajamos muy bien. En ese momento se acercó Juan Campanella que había sido elegido presidente de la Academia y me preguntó si quería hacer algo por el cine y los jóvenes y me entusiasmó la propuesta de hacer algo diferente. Hoy, desde la Academia de Cine, participo de muchos encuentros sobre los consumos y prácticas culturales de chicos y adolescentes. Me interesa mucho cómo utilizan los chicos las pantallas, porque hoy ya no hablamos más de medios o de tecnologías sino de las pantallas: todo lo hacen a través de la televisión, del celular, la computadora o las tabletas, todas son pantallas. Y esto es lo que más me interesa: saber cómo las usan, para qué las usan, cómo cambió la manera de comunicarse entre los chicos, cómo cambió la manera de aprender, de acceder a la información. Esta es una generación totalmente diferente a la del siglo XX.

– ¿Cómo las propuestas de televisión educativa que se están llevando adelante?

R.M: – Hoy en día, en la Argentina, entre los chicos y adolescentes, la televisión sigue siendo el medio predominante. Esto es porque todavía no hay acceso a Internet en todos los hogares. Cuando todos tengan acceso a Internet probablemente la presencia de la televisión baje. Hoy sigue siendo el medio predominante. Pero, aún cuando baje el consumo televisivo, no quiere decir que no vean más televisión. Pasa que los contenidos se ven en otros soportes: en la computadora o en la tablet, pero para eso necesitan tener internet. Los chicos ven también televisión como el canal Encuentro o para los más chicos Pakapaka que es un gran aporte. Hay muy buenas propuestas educativas en los canales de televisión, algunas en canales de televisión de distintas empresas multinacionales. Pakapaka le dio ese toque argentino que, al igual que el cine argentino, es bueno que los chicos tengan. No para que dejen de ver otros programas sino para que agreguen, para que sumen. Pasa lo mismo que con el cine, no para que dejen de ver cine norteamericano, sino para que sumen nuevas propuestas, diferentes alternativas. Hay muy buenas películas norteamericanas y también hay muy buenas películas argentinas. Pakapaka vino a ocupar un lugar que no había y que es el de tener un canal de televisión con contenidos nacionales, incluso hablado en argentino: esto es muy importante. Francia también hace unos años sacó un canal de televisión para chicos que se llama Gulli, hecho en Francia, equivalente a nuestro Pakapaka. Todos los países están viendo esto para que sume, para que los chicos sepan que la televisión nacional se ocupa de ellos.

En un libro tuyo “La TV que queremos, una televisión de calidad para chicos y adolescentes”, en función de que los canales educativos vienen a poner en relieve una oferta con criterios diferentes, planteás que no sólo es el papel del Estado sostener esta oferta sino que también otros canales deberían regirse por algunos criterios parecidos.

R.M: – Absolutamente, porque todos los canales constituyen un servicio público, no es como una empresa privada. A ver, mi almacenero puede hacer lo que quiera porque es un negocio, pero bajo determinadas condiciones él también tiene regulaciones. Pero los canales de televisión en general son un servicio público, licitado, pero no regalado y tienen que seguir determinados compromisos que deberían ser ineludibles. Si bien hay nuevas tecnologías y nuevos soportes para los chicos, la televisión debe regirse por criterios de calidad, debería abandonar los estereotipos con los que normalmente se piensa a los chicos y adolescentes, no solamente en la ficción sino también en la no ficción. Porque cuando aparecen los adolescentes en los noticieros generalmente aparecen asociados al conflicto, a lo negativo, o porque son víctimas (abusados, golpeados, maltratados) o porque son victimarios porque se drogan, se alcoholizan o van a la escuela con una navaja. Si bien estos casos existen en la Argentina, se presentan en un noticiero como si fueran la mayoría cuando en realidad son sólo una parte. La enorme mayoría quiere ir a la escuela, estudiar, progresar y tener un futuro mejor para ellos y sus familias y de ellos se habla poco. O si no, se habla de los muy ricos, de los “Rebelde way” de los que viven en barrios privados, que no tienen ninguna preocupación, eso también es una minoría que no tiene que ver con la mayoría de los adolescentes. La disparidad y la imagen estereotipada de los adolescentes no es un fenómeno únicamente argentino, es un tema que se discute en los congresos en todo el mundo. De hecho Rebelde Way puede ser Beverly Hills 90210 o Gossip Girl: donde los adolescentes son retratados según la representación negativa a la que son asociados en la no ficción o en los noticieros. Esta imagen estereotipada y distorsionada que la mayoría de la población recibe por televisión o Internet debe ser trabajada, reconsiderada.

– En una frase de tu libro mencionás que no hay una relación causa-efecto entre lo que el espectador ve y lo que luego hace pero que sí hay una incidencia en la percepción del grupo y de su imagen de la realidad.

R.M: – Exactamente, lo que se sabe en todo el mundo es que no hay una relación directa de causa efecto. A la corriente norteamericana le gusta mucho decir que, si un sujeto ve episodios de violencia, va a ser una persona violenta. La corriente europea, que es la que más se utiliza hoy en día, desde la década del 60’ vino a romper con ese paradigma. No hay ahí una relación lineal de causa efecto, que según lo que yo veo en la pantalla, voy a actuar de la misma manera. Pero sí hay un rol de influencia sobre la percepción que yo tengo. Si todo el tiempo la imagen que me están dando de los adolescentes es negativa, en algún punto va a influir en mi propia percepción. No me va a decir lo que tengo que pensar pero va a ser un punto de influencia muy grande. Por como son los medios en general, hay que tener mucho cuidado porque sí influyen sobre la agenda pública. No te dicen lo que tenés que pensar sino aquello sobre lo cual se debate. Entonces hay que estar muy atento a ese tipo de cosas, que el adolescente no sienta que el único adolescente que existe es el conflictivo. De hecho, el programa que llevábamos adelante “Escuela, cámara, acción” ya no existe más en el Ministerio de Educación. El objetivo de “Escuela, cámara, acción” era mostrar qué historias escriben los chicos, lo bien que escriben sus historias y de qué hablan cuando hablan. Nuestra imagen no es el retrato negativo de los medios de comunicación

– En el libro “La TV que queremos” hablas de las actitudes de los adultos en torno a los consumos culturales de los chicos y adolescentes, comentás que hay tres tipos de intervenciones, una que es más restrictiva, una que es instructiva y otra que es el visionado compartido.

R.M: – Es la que más me interesa promover

– Por ello te queremos preguntar sobre este aspecto en relación a los docentes

R.M: – Cada vez hay una conciencia mayor de que el libro de texto, la tiza, el pizarrón hoy no alcanza y que los chicos incorporan información desde muchos lugares. La clave está en conocer cuáles son los consumos y las prácticas culturales en general y las industrias culturales de los chicos. Cuando yo iba a la escuela primaria el primer día de clase solían preguntarme a dónde me había ido de vacaciones, cuántos hermanos tenés, cómo se compone tu familia, qué programas ves de televisión. Todo eso es fantástico, tiene que seguir estando para que el docente conozca cómo está compuesta mi familia. Pero, hoy en día, debemos agregar preguntas como: tenés Internet en tu casa, qué sitios navegás o preferís, qué películas ves, te gustan las historietas, tenés perfil en una red social, qué es lo que subís en la red social, con quién te comunicas, cómo te comunicas, es decir preguntarles por el uso que hacen los chicos de todas las pantallas y no solamente de la televisión. Es el primer paso para conocer a los chicos porque hoy la identidad de un chico pasa por la pantalla. Las pantallas han cambiado todo, los chicos de hoy no creo que lean menos, creo que leen de una manera diferente, en otros soportes y con otros fines. Por ahí para buscar información sobre su equipo de fútbol favorito, sobre su grupo de música favorito, leen todo a través de pantallas, leen, se comunican, se informan, aprenden, se entretienen. El docente tiene que saber cuáles son los usos, para poder saber quién es ese chico al que le está enseñando e interactuando. Esto es fundamental porque si no es así perdemos gran parte de la identidad de un chico.

– Muchas veces en actividades con los chicos, cuando ellos manejan la cámara, también hay una reproducción acerca de la forma de mirar de la tele en cómo ellos hacen los planos…

R.M: – Hoy los que trabajamos en el campo de Alfabetización en Medios, o Educación para los Medios pensamos que la alfabetización en el medio digital no tiene que ver con enseñar a mover el mouse o un Excel, sino aprender a leer críticamente los medios y las nuevas tecnologías . Si los chicos tienen que hacer una tarea utilizando Internet (hoy siete de cada diez chicos usan Internet para hacer la tarea) el problema es que los chicos van al primer link que aparece. Si el tema es “la contaminación de los ríos” podría aparecer el link de una petrolera o el link de Greenpeace: los dos hablan de la contaminación del río pero de una manera muy distinta. De allí que la educación en medios o la educación digital y medios intente que los chicos aprendan a distinguir la fuente de la información, los emisores, la credibilidad, la intencionalidad. Los que tomamos este tema como tema de estudio creemos que promover la alfabetización de los chicos es muy interesante, pero que si no hay una alfabetización previa, la producción se vuelve reproducción. Los chicos tienden a reproducir los modelos que existen y lo que uno quiere es, no que haga el diario de la escuela como si fuera Clarín, La Nación o Página 12 sino lo que ellos puedan analizar de esos diarios y decir bueno, el nuestro va a tener tales características. Lo mismo con un programa de radio, de tele o con una página web. Pero lo que tienen que hacer los chicos es aprender a analizar reflexivamente los medios, las fuentes que existen para poder producir la propia.

– ¿Qué orientaciones les darías a los docentes para trabajar en ese enfoque?

R.M:- Hay algunas claves básicas: los medios y los sitios web (cuando digo medios incluyo Internet) no son un espejo de la realidad sino representaciones de la realidad. Es necesario aprender a leerlos, en el sentido más amplio de la palabra lectura que es la lectura crítica y reflexiva. Los periodistas no son taquígrafos de la realidad, la ficción no es un espejo de lo que nos pasa cotidianamente y los sitios web responden a gente que los construyó, a emisores. En consecuencia, como no son un espejo de la realidad tenemos que aprender a leerlos y éste es el acercamiento reflexivo que queremos que tengan los chicos y los docentes. Todo lo demás son técnicas para que se acerquen a los medios con una actitud de reflexión, de pregunta, de interrogación.

– Porque en realidad lo que uno trabaja es la mirada sobre los medios de comunicación, ¿no? Si el docente va a trabajar con los alumnos, el docente lo tiene que trabajar primero sobre él mismo.

R.M:- Totalmente. El docente debe trabajarlo sobre él mismo. Este es el gran debate en los congresos internacionales: yo ahora voy a uno en México, donde se hablará sobre si se puede pensar un programa de alfabetización en medios en América Latina así como existe uno europeo. El gran debate es cómo incorporar en el currículum la alfabetización en medios. El debate es si debe empezar en la formación inicial o debe esperar a que el docente esté en ejercicio. Y luego cómo debe insertarse, si como contenido específico o como contenido transversal en todas las materias. De hecho el profesor de historia usa un documental sin explicar que el documental de Napoleón que van a ver es la visión que fulanito tuvo sobre Napoleón y no la verdad sobre Napoleón. Igual que el de Lengua, que el de Ciencias Naturales… Entonces la pregunta es si debería ser una materia separada o un contenido transversal. No hay respuesta: las dos corrientes tienen sus argumentos y eso depende de cada país. Creo que debería ser un contenido transversal y utilizado por todos los docentes porque si se pone los lunes, en dos horas, con un profesor especial, el de historia va a seguir poniendo el documental diciendo “vamos a ver la vida de Napoleón” y no va a explicar, “es la mirada que fulanito tuvo sobre la vida de Napoleón”. Podríamos pasar otra mirada sobre el tema y sería otra manera de ver a Napoleón. Al ser transversal todos los docentes, independientemente de su área, recibirían una formación previa sobre cómo mirar los medios y cómo utilizarlos con una actitud reflexiva, y no tenerlo como una materia aislada que separaría o aislaría la información. Y sería medio incongruente porque el chico recibiría los lunes a la mañana toda la explicación de que hay que aprender reflexivamente, porque no es totalmente la realidad la que aparece en los medios y los viernes, cuando tiene historia ve un documental como si fuera la vida de Napoleón, sin determinar la diferencia. Ahí habría un quiebre. Yo personalmente tiendo a lo transversal: en Argentina es así, como también en Francia, pero los países anglófonos (Inglaterra, Australia, Canadá) la tienen como materia separada. Uno de los objetivos centrales de la escuela es enseñar a pensar de manera crítica. Esto debería estar también en relación a Internet, sobre todo en Internet, porque la frase más repetida de los chicos es “sí, yo uso Internet porque en Internet está todo” y el nivel de credibilidad en todo el mundo del adolescente es muy alto (sobre todo Google, Wikipedia). Por eso hay que explicarles que no deben usar el primer link que encuentren, porque no necesariamente es el más autorizado en el tema. Hay que explicarles que en Internet hay muchas cosas verdaderas y muchas cosas falsas. Lo más importante es contrastar diferentes sitios web, buscar otras opciones y entrevistar a especialistas si es necesario (médicos, físicos, biólogos, escritores…)

– Aquí cobran importancia también las redes sociales, ¿no? Con la posibilidad de tener acceso directo a los entrevistados.

R.M:- Totalmente de acuerdo. Sobre todo cuando las redes sociales son utilizadas para la educación y la enseñanza. Pero siempre pasó así, los medios y las tecnologías pueden ser usados de la mejor manera o precariamente. Cuando se creó el programa “El diario en la escuela” había docentes que utilizaban los diarios, hace muchos años para subrayar adjetivos, sustantivos y verbos y eso no tenía ningún sentido porque esa actividad se puede hacer con cualquier texto y no se necesita un diario. Del diario hay que utilizar la información de actualidad, que es lo específico y propio. Lo mismo con Internet y las redes sociales… Si uno las va a utilizar para poder contactar gente autorizada, para poder investigar, desarrollar un mejor trabajo y hacer mejor la tarea, todo bien. Depende de cómo se usen las redes sociales.

– Volviendo al programa “Escuela, cámara, acción”, en el video de la entrevista, Juan Campanela comentó que se hacía un concurso de cuentos y también de otras experiencias realizadas por el Ministerio de Educación. Nos interesa que nos comentes sobre estos proyectos, porque quizás los docentes puedan resignificarlos e incluirlos como proyectos escolares o como propuestas de trabajo.

R.M:- Sí, otro de los proyectos que creé, y que ya no existe más, es el que trabajamos con Juan Campanella y su productora. Algunos canales privados, el 13 y el 11 nos cedieron espacios para hacer un ciclo de cinco programas y nosotros queríamos mostrar “el otro lado de los adolescentes” el adolescente no estereotipado.

– ¿En qué horario los dieron?

R.M:- Algunas veces los dieron a las 11 de la noche que es muy buen horario.

– ¿En la semana?

R.M:- Sí, en la semana, lo hicimos en tres años distintos. Nuestro objetivo era mostrar, no al adolescente estereotipado, sino al otro adolescente. Decidimos armar un reality, un buen reality, en el que les dábamos a los chicos una consigna. Elegimos tres pueblos pequeños, muy chiquitos, en Misiones, Esquel, Córdoba, que no tenían un club. Entonces le dimos como consigna que tenían que organizarse, trabajar y crear un club. (Ejemplo Programa “Había una vez un club”, de José Campanela, que se pasó por Telefé.) A lo largo de los cinco programas veíamos cómo los chicos se organizaban, trabajaban, algunos con problemas, otros no. Algunos no llegaron a completar la consigna, pero igualmente se veía cómo los chicos proponían, se organizaban, sus idas y vueltas, estaba muy piola. El programa era sólo ellos y sus interactuaciones

– ¿En qué tiempo se desarrollaba la experiencia? ¿cuánto tiempo duró?

R.M:- Cuatro meses. Al año siguiente el proyecto “Sueños de radio” fue crear una radio en otros tres pueblos que también salió muy bien. Pero en la experiencia de radio no nos importaban los equipos (que conseguimos que donaran) sino cómo iban los adolescentes a crear una programación. El objetivo era otro, era mostrar un adolescente constructivamente, su imagen de manera positiva. Mostrar un adolescente que se puede organizar para dejarle algo a su comunidad, algo que la comunidad no tenía hasta ese momento y que era muy importante.

– ¿Había alguna propuesta de trabajo educativa con los docentes?

El objetivo no era un programa nacional, era un programa de televisión. Pero lo que sí fue muy visto por docentes y los chicos (después obviamente lo dio canal Encuentro) pero de lo que se trataba era de que pudieran confiar en los chicos, de que ellos eran capaces. Cuando la consigna es buena, relevante, cuando se les da los instrumentos y la oportunidad, los chicos la aprovechan. El primer proyecto se llamó “Cuentos cardinales”

– ¿Qué libros tuyos recomendarías para los docentes que quieran trabajar la alfabetización en medios?

R.M:- Les recomiendo mi sitio web www.roxanamorduchowicz.com  en la sección, textos académicos hay varios artículos sobre la escuela y los medios, un libro didáctico es “La escuela y los medios, un binomio necesario”. También en la página del Ministerio de Educación se puede buscar en la sección material de capacitación que elaboré cuando trabajé en el Programa Escuela y Medios. Aquí hay mucha bibliografía y hay uno muy didáctico “Propuestas para explorar los medios en la escuela”

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