La educación y la vida: Un libro para maestros de escuela y educadores populares

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¿Por qué hacer una historización tan vasta en tan pocas páginas? No para hacer “historia” o cronología, sino más tapa_huergo_chicobien para acercarnos a comprender esas memorias de las que estamos hechos (idea que tomo prestada a mi amigo Jesús Martín Barbero). Memorias que moldean, aún involuntariamente, nuestros cuerpos, nuestras representaciones imaginarias, nuestros discursos.
Antes que para explicar la historia objetiva, haremos “historia” para rastrear esas matrices culturales que nos han parido. Y lo han hecho no sólo en nuestras formas de pensar, sino, antes que nada en nuestras prácticas en los tiempos del siglo XXI. Las prácticas cargan con tradiciones enmudecidas que hablan en gestos, posiciones, quehaceres, pensamientos, hábitos, relaciones. Porque las tradiciones, como decía Raymond Williams (1997), pueden ser residuales cuando, si bien se produjeron en el pasado, siguen teniendo repercusiones significativas en el movimiento cultural del presente. Las tradiciones residuales, sostiene este autor inglés, aluden a un pasado
configurativo en un presente pre-configurado.
Nuestras prácticas y los sentidos que a ellas les otorgamos cargan con rastros de otros tiempos, sobre todo de los tiempos en que se constituyeron. En nuestras prácticas se han incorporado, se han hecho cuerpo, sentidos que las empapan y que respondieron a modos de vincular la educación con la sociedad, de concebir a las culturas, de pensar a los sujetos, de organizar a los espacios educativos, de situar a los educadores y a los educandos.

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