Juego y Educación Inicial

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Desde que F. Froebel definiera al juego como el “método” para enseñar a niños pequeños, todos los libros de pedagogía o didáctica destinados a la educación inicial lo abordan como su principal ocupación, el modo en que se construye el conocimiento y el eje sobre el que deben pensarse las prácticas de calidad. Ahora bien, estas ideas no necesariamente quedan expresadas en el modo en que se diseñan las prácticas o en el tiempo que se le dedica al juego en la vida escolar. Diversas investigaciones  muestran que jugar representa menos del 20 % del tiempo dedicado a la enseñanza y de este porcentaje, sólo el 7 % refiere a juegos diseñados por el maestro (Sarlé, 2006; Batiuk, 2010).
Parte de la explicación de este hecho podemos encontrarla en las diversas concepciones que los educadores tienen del juego. En un trabajo que ya tiene más de 20 años, recogíamos distintas expresiones que se utilizan para mencionar su lugar en las salas. Entre ellas encontrábamos las siguientes:
• el juego es una expresión inherente al hombre;
• el juego es una modalidad particular mediante la cual la infancia se apropia de
la realidad;
• el juego es una forma de liberación de energía;
• el juego favorece la socialización;
• el juego prepara para la vida del trabajo;
• el juego es un proceso catártico;
• el juego es una preparación para la vida adulta;
• el juego es una manera de elaborar situaciones conflictivas, dolorosas;
• el juego es un ejercicio funcional (Pastorino y otras, 1994: 8).

La mayoría de estos enunciados refieren al juego del niño desde una perspectiva psicológica, y si bien esta es una de las áreas que más ha estudiado el fenómeno lúdico, no necesariamente facilita la puesta en marcha de proyectos áulicos. Pensar al juego en términos de las prácticas requiere precisar por qué el juego es importante en sí mismo 12 Juego y Educación Inicial más allá de su relación con aspectos del desarrollo del niño o de su valor como medio para tornar atractivas las actividades.

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