Empezar la docencia en escuelas inclusivas

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Diferentes evaluaciones internacionales, regionales y nacionales muestran que los alumnos de minorías o pertenecientes a sectores socialmente desfavorecidos obtienen peores resultados de aprendizaje que sus pares más aventajados. Una de las causas de esta situación es la baja calidad de la formación de docentes, que muchas veces egresan desprovistos de modelos que les permiten dar respuesta a la complejidad de la enseñanza en estos contextos. Las prácticas docentes son experiencias de aproximación profesional controladas, que organizan y acompañan las primeras inmersiones de los docentes en formación, bajo la supervisión y guía de maestros y profesores más experimentados. Desde hace ya algún tiempo, se consideran claves para mejorar la formación inicial docente. El potencial de las instancias prácticas para generar en los futuros docentes disposiciones, actitudes y saberes que favorecen la enseñanza efectiva en contextos heterogéneos puede ser aprovechado mucho más de lo que actualmente lo es. Las reformas más recientes de la formación inicial docente que tuvieron lugar en la Argentina han puesto a las prácticas docentes en el centro de la escena. Por una parte, se incrementó su relevancia curricular relativa. Por otra parte, los lineamientos curriculares buscaron dar un paso adelante en lo que hace a la integración de las instituciones formadoras con las escuelas sedes de las prácticas docentes, que denominan “escuelas asociadas”. A partir de estas orientaciones, los trayectos de prácticas han sido definidos de manera diversa en cada una de las 24 jurisdicciones y para la formación de docentes de educación inicial y primaria. En ocasiones, este avance ha sido mermado en su traducción a los diseños curriculares jurisdiccionales, que otorgan poca o ninguna relevancia a las escuelas asociadas. Más allá de esto, no se ha avanzado en regulaciones específicas sobre las características de las escuelas asociadas en términos de su trabajo con la inclusión. En el mundo existen numerosas experiencias de instituciones formadoras de docentes que han optado por asociarse con escuelas inclusivas —aquellas que incluyen y enseñan a todos los alumnos respetando sus diversas necesidades, habilidades y características— para la formación en la práctica profesional de los futuros maestros. Los resultados muestran que las prácticas en escuelas inclusivas promueven mejoras en tres ejes: en los saberes y el desempeño futuro de los docentes en formación; en las actitudes y disposiciones de los docentes en formación; y en los logros educativos de los estudiantes de las escuelas asociadas. Las prácticas docentes en escuelas inclusivas se constituyen en una vía de mejora de la formación inicial docente y, en consecuencia, de la equidad y calidad de la educación que brindan las escuelas. Asegurar que cada docente en formación tenga la posibilidad, en el inicio de su formación, de trabajar en escuelas inclusivas —bajo las condiciones y características mencionadas anteriormente—, debería constituirse en objetivo de la política de formación docente, en aras de promover un aprendizaje de calidad para todos.

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